Finalizamos la serie de "Regreso a la infancia" con un post que recoge una reflexión propia y una selección de citas de la obra de El Principito, que nos llevan a replantearnos el mundo de los adultos.
domingo, 27 de octubre de 2013
sábado, 12 de octubre de 2013
INSTANT / 23 /

LA MEMORIA
El pasado deja vivencias que a lo largo de la vida nuestro inconsciente nos las devuelve en forma de recuerdo. Momentos que perduran en la mente pero de manera desdibujada en muchas ocasiones. Experiencias que nos encantaría rescatar e incluso revivir por lo que significaron en aquel entonces. Lo más curioso es que muchos recuerdos se encuentran encerrados o capturados en diferentes lugares, objetos o alimentos, y cuando accedemos a lo largo del tiempo a ellos es en el momento en el que comienzan a resurgir las sensaciones de aquella vez. Los sentidos protagonizan una gran labor en la recuperación de ese momento de felicidad, ya que éstos son evocados mediante la contemplación de una imagen de unas vacaciones, al oler las páginas de un libro, escuchando una canción o saboreando un dulce. Justamente en el sabor, es donde Proust, en la obra En busca del tiempo perdido: por el camino de Swann, a partir de la degustación de una magdalena inicia un viaje retrospectivo hacia su infancia. Así, gracias a la evocación de los sentidos el presente no es el único estado posible de las cosas.
A continuación, seleccionamos un fragmento de la obra En busca del tiempo perdido: por el camino de Swann, Marcel Proust.
"Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y
abultados, que llaman magdalenas, que parece que tienen por molde una valva de
concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado
y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me llevé a los labios
unas cucharadas de té en el que había echado un trozo de magdalena. Pero en el
mismo instante en que aquel trago, con las miga del bollo, tocó mi paladar, me
estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior.
[...] Y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de
magdalena que mi tía Leoncia me ofrecía, después de mojado en su infusión de té
o de tilo, los domingos por la mañana en Combray
[...], cuando iba a darle los
buenos días a su cuarto. Ver la magdalena no me había recordado nada, antes de
que la probara; quizá porque, como había visto muchas, sin comerlas, en las
pastelerías, su imagen se había separado de aquellos días de Combray para enlazarse a otros más
recientes [...] Pero cuando
nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han
derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más
persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y
recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin
doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo.
miércoles, 9 de octubre de 2013
INSTANT / 22 /
Desde
que somos pequeños jugamos, sin ser conscientes, con las posibilidades que nos ofrecen los
objetos, y de esta manera, un palo lo acabamos transformando en nuestra espada
o una silla se convierte en la estructura de una cabaña dentro de nuestro mundo
imaginario. Sin embargo, cuando crecemos, a los adultos se nos olvida que esta
imaginación y libertad no es exclusiva de los niños. De hecho, nosotros, como
adultos, podemos seguir jugando sintiéndonos como niños.
Para
nuestra fortuna, los diseñadores Italianos a mediados del siglo pasado nos
brindaron la posibilidad de volver a jugar. El diseño radical
italiano justamente busca suscitar emoción y devolver a las personas su
libertad a la hora de jugar a interpretar las cosas, por ello proponen diseños
en los que el usuario puede inventar funciones, diseños en los que intervenimos
dejando de ser un mero espectador. Muestra de algunos diseños de los que
hablamos son Boalum y Tube Chair.
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| Boalum (Imagen extraída de lamparasyluz) |
BOALUM (L. Castiglioni (1969)).
Enrollada, de pie o extendida a lo largo. Encima de la mesa del salón, colgada
en la pared o enrollada encima de la alfombra. Una serpiente luminosa que nos
permite jugar en cuanto a forma y lugar. Una lámpara nada común con forma cilíndrica y que puedes comprar a metros.
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| Tube Chair (Imágenes extraídas de metmuseum) |
TUBE CHAIR (Joe Colombo (1970)). Unos asientos formados por tubos cilíndricos
de plástico de varios tamaños recubiertos con espuma. Con ellos podemos jugar
libremente, combinando su orden para adaptarlos a nuestra comodidad y al
espacio.
En
definitiva, una parte fundamental del aprendizaje de los niños se consigue
jugando, vinculada de manera implícita la diversión. No obstante, a medida que
crecemos el juego se ve relegado a un segundo plano, quedando en muchas
ocasiones olvidado. Y así, dejando de lado aquella manera de explorar el mundo
con la que adquirimos los primeros conocimientos en nuestro inicio de vida.
domingo, 6 de octubre de 2013
INSTANT / 21 /
Nina Sayers vive obsesionada con ser la reina cisne.
Pero la belleza y sensibilidad del cisne blanco no son suficientes. Adoptar la
personalidad del cisne negro, opuesta a ella, provoca que el personaje se acabe
apoderando de ella
Observa su
espalda numerosas veces al día. Imagina cicatrices creyendo que son causadas
por la aparición de plumas de cisne. En los brotes alucinógenos se corta las
uñas ansiosamente. Cuando le hablan delira creyendo que todo va contra ella.
Vive poseída por sus atormentados pensamientos y de manera misteriosa nos
embauca a nosotros su estado permanente de ansiedad, de respiraciones ahogadas
y de miradas desenfocadas hacia todas y ninguna parte ante la sensación de que
algo negativo puede ocurrir. Aceleramos el ritmo de inspiraciones. Expiramos el
aire arrojándolo como una bocanada. Un aire que se pasea por el cuello perfectamente
circular y compacto. Las manos sudan pero están heladas, contraemos el abdomen
como si quisiéramos colocarnos un caparazón para proteger los órganos internos.
Una luz se apaga de repente, una alucinación en el camerino, una caída en el
escenario. Somos cisne blanco; somos delicadeza, ternura, y encanto. Sin
embargo, no es lo suficiente para ser reina cisne, que posee también la personalidad
de su contrario. En la búsqueda de aquello que no tenemos aparece el dolor, y
consigo viene la parte más extrema de nosotros. Un mordisco en el labio. Un
empujón. Tratamos de ser cisne negro, pero no tenemos picardía, sensualidad ni
actitud impulsiva. La obsesión traza un recorrido vertical, de la mente a las
piernas, que empiezan a fallar, creyendo que se transforman en las de un cisne,
y no puedo dejar de imaginar si un día dejara de ser yo y amanecer cisne o
escarabajo. ¡Ay! Si fuera Gregor Samsa. Si de la noche a la mañana
cambiara de ser. Momento álgido de violines, emoción y caída. Se encienden las
luces. ¿Y si mañana amanezco y soy él? Se apagan las luces.
jueves, 12 de septiembre de 2013
INSTANT / 20 /
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| Pintura i bastidor, Antoni Tàpies (1962) Imagen extraída de Fundació Tàpies |
Hay preguntas existencialistas que no
tienen respuesta. Hay preguntas sobre el universo que no las llegaremos a
responder. No obstante, los humanos tenemos esa capacidad de generar respuestas
hipotéticas, premisas que suplen a modo de placebo algunas dudas universales,
las cuales probablemente se alejaran muchísimas veces de la realidad y que
difícilmente podremos confirmar. El arte también se encuentra lleno de cuestiones
sin resolver, teniendo en cuenta que tan siquiera la intención del artista es
hallarles respuesta, sino que generar debate y reflexión. Pero
irremediablemente a los espectadores se nos vienen preguntas en torno a la
interpretación de una obra, como las que nos formulamos cuando contemplamos Pintura i Bastidor de Antoni Tàpies. Un
cuadro donde el bastidor, el mismo
soporte del lienzo, se descontextualiza convirtiéndose en el centro de la obra,
transformándose la base de ésta en la misma obra en sí, donde nosotros observamos
un bastidor como si fuera la primera vez que vemos uno. Una experiencia del
espectador, más estética y emocional, en la que Tàpies nos invita a dejar fluir
nuestra imaginación, y nosotros aceptamos y entramos en ese estado hipnótico
para contemplar la obra.
Al principio intentamos hacer el viaje
al inverso, de los bastidores vamos al lienzo, intentando encontrar alguna
sombra, una mancha excesiva de pintura que haya traspasado el lienzo, algo
explicito más allá de un bastidor, un trayecto visual en el que no encontramos
ninguna respuesta. Es por ello que nuestra mente cambia de ruta y trata de pensar, esta vez, de la manera más lógica
y racional, si es que éstas son características propias de la naturaleza de una
artista, preguntándonos qué puede haber pintado en ese cuadro expuesto del
revés: un cuadro inacabado, una obra muy personal o tan solo el concepto de que
un bastidor puede ser arte. Una fuente de sugerencias que provienen de la
contemplación de ese bastidor, igual que los otros, pero que a diferencia
sabemos que esconde algún significado más. Significados que se convierten en
hipótesis formuladas fruto de nuestras infinitas preguntas e imaginación. Porque hay preguntas que están
fuera de la comprensión de la mente humana, que no tienen respuesta o
simplemente no somos capaces de entender.
lunes, 9 de septiembre de 2013
INSTANT / 19 /
En la cocina
lo fundamental son los alimentos, pero no exclusivamente. Son muchas las
aportaciones que ha traído consigo la cocina de Ferràn Adrià. Uno de estos
factores relevantes es la colaboración con otras disciplinas, en este caso
hablamos del diseño industrial. El Bulli
juega con los recipientes e incorpora nuevas vajillas y utensilios que
cambiarán la forma de comer cada plato, no es lo mismo presentar un líquido en
un plato, un vaso o en una salsera, pues dependiendo de esto veremos al mismo
como una sopa, un zumo o una salsa.
El
primer contacto entre cocina y diseño se produjo con una vajilla llamada
“pequeñas locuras” (1997). Había estado pensada para los petit-fours, pequeños
pastelitos dulces o salados típicos de la repostería francesa. La unión de la
vajilla y el postre hacían que la receta estuviera completa, pues es una
constante que encontraremos en esta cocina, donde algunos de sus platos no se
entienden sin su recipiente. Con estas nuevas vajillas y utensilios también se pretende
ir más allá de la estética del plato, planteando nuevas maneras de comer.
Cuando Ferràn Adrià te presenta un ravioli en una cuchara, en realidad quiere
que disfrutes de la magia de todo el plato entero en un solo bocado.
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| Vajilla "Pequeñas locuras" (2001) Imagen extraída de rafamateostudio |
No
obstante, es en 2001 cuando literalmente se produce la incorporación del diseño
industrial dentro de la cocina, con la incorporación del diseñador Luki Huber dentro
de la plantilla de El Bulli durante
un tiempo. El resultado de esa plantilla multidisciplinar produce muchas
innovaciones, tanto a la hora de comer, como a la de elaborar. A partir de ese momento nacen utensilios como la
cuchara para oler aromas, dándose cuenta de que si olías una rama de romero
mientras comías otro alimento, por ejemplo pollo, el plató sabía a pollo al
romero. Otra aportación muy singular es la brocheta para salsa, se trata de una
pipeta de laboratorio con salsa dentro y los trozos de comida pinchados por fuera,
proponiendo otra manera de comer una brocheta. En cuanto a los utensilios, que
permiten nuevas elaboraciones, como por ejemplo, una jeringuilla que permite
crear un espagueti de gelatina de hasta dos metros. El hecho más importante es
que a partir de ese momento las incorporaciones del diseño y otras disciplinas
han sido un no parar dentro de la cocina de El Bulli.
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| Melón con jamón (1994) Imagen extraída de Cocinar la mar de bien |
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| Ravioli sférico de guisantes y ensalada de guisantes a la menta (2001) Imagen extraída de texturascostarica |
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| Pipeta de gamba en sashimi y su cabeza caramelizada (2001) Imagen extraída de deidigital |
En una era en
la que nos encontramos en interdisciplinariedad observamos la importancia del
contacto cercano entre distintos sectores, cuyas distintas metodologías abre
nuevas vías que hacen más completa cada creación. El de la cocina y el diseño
industrial es claro, la receta y la vajilla no van por separado, y como expresa
Ferrán Adrià: “Nuestro sueño sería que cada receta tuviera su propio recipiente”.
Para los que quieran saber más:Historia de El Bulli
Documental El Bulli, historia de un sueño
Reportaje, El País: "El diseño que cocina Ferràn Adrià"
miércoles, 4 de septiembre de 2013
INSTANT / 18 /
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| Imagen y composición propia |
Hace unos meses leyendo un prólogo de Frankenstein de Mary Shelley reflexioné
en torno aquellos clásicos de la literatura, el cine o incluso de la pintura que
se conocen por ser referentes en la cultura, pero sobre los que nunca la gente pone
los cinco sentidos en ellos. Clásicos que pocos han leído, visto, o
ni siquiera contemplado, a pesar de que su éxito les ha hecho popularizarse y
ser conocidos por todo el mundo. Si pensamos en clásicos de la literatura como Orgullo y Prejuicio o Hamlet, probablemente un gran número de
personas, con unos estudios elementales, lo reconocerán, pero serán muy pocos
los que los habrán leído. El cine en el caso de Orgullo y Prejuicio o una cita existencialista extraída de cuajo
de la novela de Shakespeare son los causantes de que estas dos obras de la
literatura se conozcan. Lo mismo sucede en el cine, las películas obsesivas de
Hitchock son reconocidas por casi todo el mundo, aunque solo los cinéfilos
verdaderos son los que han visionado la película entera. ¿Quién a estas alturas
no ha visto la escena de Psicosis? Y
en pintura, la historia se repite. La
Gioconda, o más conocida como Mona
Lisa, el Guernica o La Venus de Botticelli son pinturas que
todos han visto en forma de fotografía y creen haber visto la real.
Con esto observamos que los clásicos en la
cultura se popularizan, aproximándose a la sociedad mediante diversos medios,
normalmente los de masas, convirtiéndose en ocasiones en mitos que están
inseridos en el saber de las personas de a pie, o lo que coloquialmente se ha
denominado como “cultura general”. El hecho de acercar la cultura no tiene por
qué ser negativo, la parte triste es cuando clásicos cargados de reflexión se
quedan en la anécdota del título, la cita o la versión cinematografiada. O si
no lean Frankenstein y verán cómo es
algo más que un atípico monstruo.
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