 |
Composición propia a partir del texto extraído de el libro de los abrazos, E. Galeano
|
Si lográramos poder observar el mundo
del mismo modo que lo hacían Zeus y los dioses en el Olimpo, conseguiríamos ver
ese mar de fueguitos que nos relata Eduardo Galeano. Sin embargo, ante esa
incapacidad divina, el ser humano ha conseguido contemplar esta diversidad de manera diferente.
Galeano nos propone una
bonita visión del mundo, como un mar rico y diverso. Pero, ¿Qué es cada fuego?
Si reflexionamos, esa llama representaría nuestro espíritu, nuestro fuego
interno, como una huella que nos identifica. Las
huellas marcan e impregnan el mundo con nuestra energía, nuestra llama, nuestro
fuego. Detrás de cada pisada queda la esencia e imagen de la persona. Son
prueba de nuestra existencia, huellas grabadas, que quedan impresas en nuestra
memoria. En nuestra cabeza éstas se reformulan formando nuestra propia
percepción del mundo. Unas huellas, que como lo fueguitos, son particulares, y
contagian al resto durante nuestro paso por el mundo. Unos fueguitos que se
extienden formando el mar de la humanidad.